Roll cameras!
| 3 / 06 / 2009 | Posted by Lord Eggs under Mexican Curious |
El sábado me desperté lo más tarde que pude, y me dispuse a no hacer nada hasta medio día. Lamentablemente, cuando uno está muy cansado no hay manera de dormir sin antes descansar, lo que parece muy extraño pero así pasa cuando sucede.
Sin saber muy bien lo que hice, me bañé. Eso lo supe porque de pronto estaba yo bajo la regadera, con la frente apoyada en los azulejos de la pared y las manos en las llaves del agua, antes de recordar que el calentador estaba apagado. Como mi tinaco es negro, está en lo alto, y le pega sol todo el día por todos lados, el agua fría estaba agradablemente tibia y no sucedió nada de mayor importancia, si no contamos el hecho de que me lavé la cabeza con un poco de jabón para cuerpo y el cuerpo con shampoo anticaspa. Salí de ahí a medio día, para ir a desayunar. Estaba pensando si valdría la pena volver al mercado de Santa Tere, porque me quedaba ya un tanto alejado, cuando me decidí a ir a unos tacos que quedan a la otra cuadra, que si bien solían ser los mejores del rumbo, han bajado ya de calidad. Pero tenía mucha hambre y decidí llegar.
Satisfecha mi hambre, y de regreso en casa, pasaron por mí para llevarme de nuevo a locación. Era imprescindible que me presentara allá porque iban a trabajar con mucha luz en una casa y no podían darse el lujo de conectarse a la casa porque, caray, porque cada vez que lo hacían se botaban los fusibles. Tuve que brincarme, por tanto, los fusibles, y conecté alambres de buen calibre a la entrada del medidor. Así se generaría un problema un tanto peligroso: en caso de cortocircuito nos iba a llevar la tía de las muchachas, porque no había forma de interrumpir el flujo de corriente. No sucedió nada, por fortuna, porque conectamos una barra multicontactos en el que cada contacto estaba protegido por su propio fusible. Eso sí, desconectarlo a las seis de la mañana del día siguiente fue lo menos difícil: ya había luz de día.
Entre medio día y las ocho de la tarde se convirtió la casa particular en una casa particular. Les digo que por eso no soy cineasta: no soy capaz de hacer las cosas que hace Espílberg. Una vez que la casa particular parecía una casa particular, el equipo se propuso descansar un poco. En total llevaban apenas 4 horas de sueño, pues Espílberg los puso en movimiento desde las 8 de la mañana. En honor a la verdad Espílberg también se fletó desde temprano, pero menos porque era el director.
La masa de mapaches que actuaban como equipo ya estaba quejándose de que ya hacía hambre cuando llegaron con la comida, y cual marabunta se le fueron encima a la birria que habían llevado a manera de «catering». Mientras tanto, la Señorita Vestuario se largó a buscar al actor principal, para acomodarle la ropa. Ni actores ni actrices estaban presentes a la hora esperada, y como yo ya no tenía participación mas que como oveja eléctrica, no contaba. A las ocho y media hizo su formal aparición el CSI: Guanatos. Las mejores tres camionetas del Instituto Jaliscience de Ciencias Forenses con su mejor personal se apersonaron en la locación, con lo que además de todo, hicieron un escándalo entre los vecinos, que a pesar de que estaban enterados de que se iba a rodar una película, no estaban muy enterados de lo que sucedía y les entró un miedo rayano en pánico al ver a tanto tipo ahí. Ya estaban preparándose para grabar cuando a alguien se le ocurrió preguntar cómo era el proceso de investigación, y ese ligero detalle dio al traste con el guión: lo que Espílberg quería dirigir no era lo que pasaba en un caso de verdad. Hubo que modificar sobre la marcha el guión y dejar que los del CSI hicieran lo suyo, porque de otra forma no saldría la película. Ya estaba casi listo Espílberg para gritar «¡Acción!» cuando la señora del «catering» recibió instrucciones de ofrecerles birria a los del CSI, que ni tardos ni perezosos aceptaron. A Espílberg no le quedó más remedio que apechugar y tratar de conseguir un poco de sangre verdadera para que los detectores funcionaran. No supe si para lograrlo decidió afeitarse y cortarse la yugular así, como por casualidad, o si decidió que agregaría como efectos especiales lo que hiciera falta y usaría leche de chocolate con tinta vegetal roja para simular la sangre, porque se metió en la locación y ya no salió en un buen rato. Mientras tanto, las luces comenzaron a conectarse. La razón por la cual una toma de noche debe hacerse de noche y con luces que simulen el día pero amortiguadas por cortinas oscuras sigue escapando a mi entendimiento, pero Espílberg debe saber lo que hace.
Se limpió la locación por fuera, para las cruciales escenas en las cuales los CSI recibirían el llamado que los llevaría a la escena del crimen, se subirían a sus camionetas y tras un viaje consistente en darle una vuelta a la cuadra, llegar a la escena del crimen y resolver el entuerto. ¿La mejor línea? «¿Dónde está el cadáver del muerto que mataron?» los del CSI nada más movieron la cabeza y Espílberg dejó que dijeran lo que se les viniera en gana.
A media noche el CSI: Guanatos se largó a hacer trabajo de verdad. Adentro se quedaron filmando escenas de lo más variopinto: al Rodo bailando en calzones y con un ipod, Rodo entrando y saliendo de una habitación un tanto infantil, Rodo discutiendo con su señora, su señora discutiendo con Rodo, Rodo discutiendo con Rodo y su señora discutiendo con su señora, un bat de béisbol que se estrella contra rodo, un rodo que se estrella contra un bat de béisbol (les digo que por eso no soy Espílberg) y su señora y su hija huyendo en una camioneta del año de la cachetada, elemento esencial para el guión, camioneta que, por cierto, era propiedad del actor que interpretara al jugador número 3 la noche anterior.
Cuando terminaron de grabar eran las cinco de la mañana. Yo estoy completamente seguro que estaba roncando a esas horas, porque cuando desperté, lo hice en medio del silencio más absoluto. Eran ya las seis de la mañan ay el equipo sólo contaba con una hora para echar una siesta y transfundirse por vía intravenosa medio litro de café expresso.
Era tiempo de llegar a la siguiente locación. Aquí sucedió algo realmente curioso, pues por una única ocasión había una escena de día que debía filmarse de día, pero las demás debían filmarse de noche. Finalmente Espílberg decidió no rodar la escena de día y rodar todo de noche pero haciendo que pareciera que era de día mientras estaba oscuro. Yo preferí mirar la punta de mis dedos antes que tratar de comprender lo que había dicho Espílberg y sólo pregunté si mi presencia no era ya necesaria.
«Pues no», respondió Espílberg, «pero si quieres te puedes quedar para ayudarnos…» «Muchas gracias, señor Espílberg, pero prefiero largarme a mi casa mientras todavía sé dónde se encuentra», respondí, y me largué. Después me enteraría que el «catering» del día fue de tacos al vapor y que en el camino por poco se duermen los choferes, que además de todo llevaban camionetas sobrecargadas. En una de esas la película hubiera quedado sin finalizar, pero la final del futbol mexicano facilitó que no hubiera muchas personas en el camino y no hubiera daños que lamentar.
Que yo sepa, la grabación terminó el lunes a las 4 de la mañana en medio de la nada, en un rancho perdido en las postrimerías del municipio de Tequila. Terminaron acampando ahí un rato para no arriesgar a que el choferoz se durmiera de regreso a Guadalajara. Yo me limité a quedarme largo rato tendido sobre mi cama, sin poder dormir de lo cansado que estaba, hasta que puse música en el cuernófono celular y logré quedarme hipnotizado un par de horas, antes de pedir algo para comer.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.

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