Interesante la comida, por decir lo menos. Escribiré esto rápido porque tengo que ponerme a hacer cosas más interesantes, como una pecera con mi MacPlus que además tenga una computadora adentro.
Lo primero fue llegar al lugar del ágape. Un tanto cuanto desangelado, en cuanto sólo estuvimos Lord Diddlidum, Lord Diddlede, Lord Diddlido, Lady Diddlada y quien esto escribe, Lord Eggs. «Los otros no han llegado», dijo Lord Diddlidum, un tanto esperanzado, «pero pues nosotros ya vamos a empezar a comer». «Por mí, mejor, porque tengo que irme pronto. Hay que volver a grabar las voces del cortometraje, y los demás no han ido, así que me tengo que imitar sus voces…» Lo bueno de Lord Diddlidum es que no pierde nunca las esperanzas, y acto seguido, me pasó a la mesa. Alcancé a pasarle una botella de vino de consagrar que le regalé como regalo de graduación alcohólica, y tras abrazarme, visiblemente emocionado, la destapó y sirvió un par de raciones, una para él y la otra para mí. «¡A tu salud!» dijo él. «Amén», dije yo. Y nos bebimos el elíxir sagrado ése.
Lo que siguió fue un tanto nebuloso, no tanto por el vino de consagrar sino porque a Lady Diddlada se le estaban quemando las tortillas. Me parece recordar que me tocaron tostadas de lomo para comer. Espero que hayan sido tostadas. Mientras celebrábamos y comíamos, pasó una hora. Consciente de que si me quedaba ahí la botella de vino de consagrar ase iba a vaciar y no estaría yo en condiciones de trabajar, decidí irme. Mi oportunidad se presentó, serendípicamente, cuando llegaron los parientes colados de Lord Diddlidum. Inmediatamente la sobrina se encargó de ir a felicitar a su tío y de tirarme un plato de salsa sobre la camisa, mientras el padre de la sobrina y la hermana de Lord Diddlidum, que por una de esas extrañas casualidades es también la madre de la sobrina, trataban de disculparse por lo que su retoño había hecho y me ayudaban a limpiarme. De cualquier manera ya iba a tirar esta camisa, pero la distracción me sirvió para decir «pues ya me voy, porque tengo que ir a trabajar y a cambiarme de ropa». Me despedí de los apenados familiares de Lord Diddlidum y aproveché para llegar a una farmacia y comprarme un remedio alemán para el malestar estomacal, Alka Seltzer, creo que se llama.
A esas tostadas las voy a soñar. Todavía las siento en el esófago, y mire usted que fue hace tres horas que las deglutí. Mientras eso sucede, déjeme decirle que es la última vez que acudo a una comida en casa de Lord Diddlidum. Qué barbaridad.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.
