Camino por la calle. Vengo de comer. Y de pronto, como quien no quiere la cosa, un cacareo y una cosa blanca desciende, aleteando, hacia mí, hasta estrellárseme en plena cara.
Un ejemplar de gallus gallus: una gallina. Un pollo. Una polla, propiamente dicho, dado que era una hembra que aún no era lo bastante grande como para haber entrado en edad reproductiva pero tampoco lo bastante pequeña como para ser todavía una cría. Pero como hablar de pollas en un sitio que ya de por sí se ha vuelto una especie de referente al buscar «gay test» puede prestarse a malinterpretaciones y malestares que no deseo verme forzado a enfrentar malencarado, en lugar de pollas hablaré de pollos. Un pollo se me abalanzó. Punto.
Tras el impacto gallináceo polleril que sufrí en pleno rostro, alcancé a escuchar un «¡Mi gallina!» proferido en tono de alharido por la dueña del ave en cuestión, si no hubiera tenido yo las manos libres por una casualidad rayana en las serendipias, puesto que este día traía mochila, no hubier apodido detener al ave, supuse yo que prófuga del cuchillo. Y si bien no soy afecto a comer aves de corral cuya masa corporal es insuficiente como para ocasionarme un daño permanente en una pelea cuerpo a cuerpo cara a cara, no tengo ninguna objeción por la cual deba impedir que los demás no obtengan un beneficio de la crianza del bicho en cuestión. La señora de la casa, sin embargo, no pretendía enviar el ave a degüello, sino al corral, puesto que esperaba que el pollo se volviera gallina ponedora, pero mientras les limpiaba el corral, que estaba en la azotea, el avechucho decidió dar una vuelta aprovechando que la puerta estaba abierta. Y saltó al vacío, probablemente sin saber que la especie gallus gallus prácticamente carece de habilidades de vuelo, como no sea para subir y bajar de los palos donde dormitan en el gallinero.
La señora me agradeció que le hubiera atrapado su gallina y me ofreció pagarme con un kilo de huevo fresco. Le acepté sólo medio kilo, porque si no se me echa a perder, dado que no soy muy afecto a preparar huevos revueltos por la mañana. En cambio, sí supe ahora que la señora vende huevo todos los días, poquitos, porque tiene pocas gallinas, pero eso sí, muy frescos. Como recién puestos. Mientras me introducía a las recónditas profundidades de su casa para colocar a Blanca en su gallinero, conté cuántas gallinas tenía doña Pasita: cincuenta. Cincuenta y uno con Blanca. A razón de un huevo al día, cincuenta huevos. A razón de 15 pesos el kilo de huevo (kilo que, por cierto, sólo pesa dos libras), doña Pasita recibe dinero más que suficiente como para comprar algo más con qué complementar su pensión, y de paso, su dieta y la de sus gallinas.
Ahora sé por qué de vez en cuando un gallo canta cuando me voy a casa.
Saludos cordiales.
Lord Eggs (Nunca más apropiadamente dicho).

Oiga, me interesa eso de que los huevos se cuentan en kilos de dos libras. ¿Es en serio o redondeó la cuenta?
Por lo demás, siempre compro los huevos en términos de docenas. ¿Ahí se venden al peso? Es decir, a la masa, que al peso saldrían acaso demasiado baratos, ¿no?
Es en serio. Doña Pasita también vende litros de jugo que en realidad son un cuarto de galón americano.
Aquí las cosas son a la mexicana: los huevos suelen venderse por lo que pesa la docena de huevos excepto cuando vienen empacados, porque en ese caso se supone que los huevos ya fueron pesados. Es mas o menos la equivalencia de convertir libras, guineas, peniques, chelines y soberanos a reales, doblones y piezas de a ocho.
Otro post que parece totalmente hecho para el chiste malo del final, diablos su vida es bizarre.
¿Mi vida es valiente? Porque según la Real Academia de la Lengua:
bizarro, rra.
(De it. bizzarro, iracundo).
1. adj. valiente (? esforzado).
2. adj. Generoso, lucido, espléndido.
Ah, veo que usted empleó el francés, y según l’Office québécois de la langue française :
Une des qualités fondamentales de la pensée schizophrénique, sorte de distorsion contournée et baroque dans le domaine des idées et conduites, qui manifeste et conditionne, tout à la fois, la déformation infligée à toute la vie psychique.
Ahora me lo explico.
Definitivamente, el primer acercamiento entre lord y lady Eggs, ha sido intempestivo, espero que los subsecuentes sean más románticos.
Saludos.