De pronto me veo envuelto en una nube de preguntas. En pleno domingo. «Montoneros», dije yo, mientras trataba de poner orden.
Fue después del concierto de la Filarmónica fusionada con música mexicana (de lo que lo más remarcable fue una canción en japonés, Kanpai, de Itsuki Hirosi, la cual, como debiera ser obvio para mis educados lectores, no es mexicana ni de casualidad), cuando llegué a casa de mis progenitores con el malsano objetivo de ver el juego de la selección de México ante la potente escuadra de Nicaragua. De pronto, la autora de mis atribulados días y Lord Feebledick se pusieron a discutir sobre si era mucho mejor ir a California o a Texas, y entonces, conociendo que yo tengo amplia experiencia en eso de quedarme más de 24 horas en un msismo lugar, comenzaron a acribillarme con preguntas de tal nivel que no me quedó más remedio que decir «Montoneros» antes de que el silencio se hiciera más o menos de nuevo.
Lo que pasa, sucede y acontece es que mi progenitora y mi carnal se quieren largar al otro lado (o sea, a los Yunaites Estates Quietos) para estrenar la visa que le otorgaron a Lady Daisy Margheritte, quien, para efectos de éste relato es, además de mi tía, hermana de mi madre. Como Lady Daisy Margheritte jamás ha ido al otro lado y no tiene ni idea de inglés, más allá de decir «okey» y «guashangüear», la desición sobre a dónde ir fue compleja: ¿Qué partes de los Estados Unidos de América tienen una vantidad de hispanoparlantes tan grande que los negocios tienen letreros en sus puertas que digan «English Spoken»? Rápidamente redujimos la lista a tres, California, Texas y Florida. Descartado Florida porque el costo del avión era prohibitivo en estos tiempos, buscamos lugares de California y Texas, territorios conquistados por gringos que los mexicanos han vuelto a reconquistar poco a poco. Lord Eggs sugirió Los Ángeles, pero yo lo descarté porque esa ciudad no se prestaba como para realizar un primer contacto: donde nos equivoquemos de barrio y nos encontremos con la Mara Salvatrucha o con un negro enorme llamado Dante Volta, ya nos cargó el payaso. Y además mi madre no está como para treparnos a cualquier montaña rusa en los parques de diversiones de por allá. Opté por mover la visita a Texas, el único estado de la Unión Americana con techo. Dije yo «San Antonio» y rápidamente llegamos a un concenso. Porque en San Antonio hay Shopping Malls del tamaño del Estado Libre y Soberano de Aguascalientes, parques de diversiones del calibre de Sigs Flax Six Flags, la mitad de la ciudad habla español y la otra mitad más o menos lo masculla, y además de todo, yo sé moverme por esa zona sin perderme. Además, cercano se encuentra Houston (cercano en términos relativos, claro) lo que pudiera ofrecernos una visita a la NASA si nos sobra tiempo.
Luego llegó el transporte. Tras varias búsquedas infructuosas y un anuncio contextual de Google acertado, decudimos que lo mejor era viajar Guadalajara-Monterrey en aeroplano y Monterrey-Laredo en autobus. En Laredo se pediría permiso de internación y se rentaría una autonave que transportara a toda la banda y su escaso equipaje hacia San Antonio, donde buscarían un hotel baratón, que sería usado como base de operaciones para reconquistar Texas. De ahí el grupo designaría días para ir a San Marcos a comprar porquerías, a San Antonio para visitar la ciudad y mentarle la madre a Antonio López de Santa Anna, además de comprar porquerías, a Houston para ir The Galleria a comprar porquerías o a la NASA si ya no tuvieran dinero para comprar porquerías, a Six Flags para partirse el hocico en las montañas rusas, y de regreso a Laredo para entregar el auto, cruzar la frontera con sus cosas, viajar a Monterrey y de ahí a Guadalajara.
Sin embargo, se presenta el ligero detalle e inconveniente de que nadie sabe exactamente cuántos días quieren estar. Si quisieran pasar más de 7 días, la solución es muy sencilla: se obtiene una suite de renta por semana y asunto arreglado. Sin embargo, si van por menos tiempo, es más conveniente rentar una habitación en un motel que una suite semanal, aunque ambos tipos de habitaciones terminen costando lo mismo en términos ecuménicos económicos. Lo que parece estar fuera de toda duda es la renta del automóvil, que permite una movilidad sin precedentes en Texas. Eso sí, dependerá de la duración del viaje, pues no es lo mismo rentar por tres días que por una semana.
En fin. Ya veremos que pasa, sucede o acontece. Si alguien desea unirse, bueno, hay un espacio disponible.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.

[...] primo Quoth colgó en su blog un video de una canción muy bonita, Kanpai, que significa más o menos “¡Salud!” en japonés, [...]
Arigato por tu enlace, ariperro por tu traducción, querida.
hola primo por lo que leo sucede y acontese que me dejaran como novia de rancho vestida y alborotada jajajaja.abisenme porfas
Querida Rita, ahora resulta que quieren irse a Chicago y que Lady Daisy Margheritte siempre no quiere ir. Yo renuncio a entenderlos, caramba.