Desde pequeño siempre supe una cosa: la Madre Naturaleza es una madre desnaturalizada.
Ayer hizo un viento tan juerte por mi changarro que la lámina de policarbonato que cubre el pasillo estuvo a un par de milímetros de volarse. De los 36 tornillos que sostienen la lámina en su lugar cuatro salieron, y dos estuvieron a punto. Estos tornillos están estratégicamente ubicados en el cuadrante norte, y si no fuera porque parte de la lámina está enclavada en la pared, se hubiera salido de su lugar. Aunque me encargué de asegurar nuevamente la lámina bajo el simple procedimiento de añadir nuevos tornillos, la lámina no va a durar para cuando lleguemos a la temporada de huracanes. Mucho me temo que será necesario reemplazarla por algo así como, no sé… ladrillo.
Una verdadera lástima el no tener dinero para poder hacerlo de inmediato, mientras no estoy. Tendré que hacerlo después de lluvias. Así que House ha encontrado una nueva vocación: regresando yo de Técsas House iniciará el contador de alcancía para Reparar el Techo de la Oficina de Lord Eggs. Probablemente con 15000 pesos podré colocar láminas de tablacemento en lugar de tablas de policarbonato, lo que me permitiría tener algo temporal que se vea como permanente mientras lo permanente atraviesa una etapa temporal. Como sea, en realidad lo que estoy seriamente pensando es adquirir un crédito por medio del INFONAVIT para construir, finalmente, mi terreno. Será genial poder construir una casa como a mí me gusta en lugar de como le gusta al inútil del arquitecto. Si quiero tener una casa con los cuartos orientados al poniente pero desde donde se pueda ver salir el sol, la tendré, qué caramba. Tengo los suficientes puntos como para aventarme al ruedo, y me prestarían algo así como 150000 machacantes; y si todavía me acuerdo cómo se manejaban estos asuntos, podré hacer que justo al terminar de construir mi casa le agreguen el techo que le falta a mi oficina (te je je…).
Y ahora el motivo por el cual inicié a escribir el presente artículo: he encontrado que en mi castillo habita una cuiza, gueco o besucona, que es como suelen decirle los tapatíos a los miembros de la familia Gekkonidae Hemidactylus Frenatus, saurópsidos escamosos de climas templado y tropical, famosos porque suelen llamarse entre sí con un ruidoso y curioso sonido, cuya onomatopeya es más bien parecida al gek-gek-gek-gek. En el jardín (así le digo al patio donde tengo un par de macetas) para ser más preciso, la méndiga lagartija ha establecido su cuartel, y se ha apoderado rápidamente de mi casa, al punto de que un par de veces he estado a punto de pisarla. De no ser porque el bicho ha estado comiéndose los grillos me encabronaría mucho que lanzara su llamada de apareamiento en las noches. Merle Ivonne, en cambio, no parece darle demasiada importancia, tomando en cuenta que no le importa una chingada lo que el méndigo geco haga o deje de hacer.
Ya me voy.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.
