Son cosas como éstas la que hacen que uno se sienta mal… aunque a posteriori.
Es decir, la cosa transcurría de lo más normal. Los maestros faltando, los alumnos haciéndose pendejos, Lord Eggs cómodamente instalado en esa línea entre la pendejez y la decrepitud…
A la hora de la salida sucedió la cosa que yo nunca pensé ser capaz de hacer. Salimos de precálculo, y a la salida de rectoría un caballero –supondremos que era un caballero– tiene la costumbre de vender rosquillas glaseadas y azucaradas en un expendio móvil portátil fácilmente transportable: una bandeja con unas patitas de madera. Quedaban exactamente diez donas de azúcar y una dona glaseada, y como necesitara yo un poco de hidrocarburos para activar mi maltrecho cerebro, decidí adquirirla.
Paralelamente a esta escena una de mis compañeras y una de sus compañeras (tomando en cuenta que no vamos juntos a las mismas clases) llevaban ya un rato tratando de decidirse sobre si comprar o no comprar esa misma rosquilla.
Como es obvio, si yo compré la rosquilla, ellas no la compraron. Pero ellas pretendieron que yo no adquiriera y mucho menos ingiriera la rosquilla. Es más, ahora que veo todo con el lujo de un estómago lleno, me doy cuenta de que tal vez esperaban que, aunque yo adquiriese la rosquilla, fuesen ellas quienes la ingirieran.
Pero yo no reaccionaba. Necesitaba algo de comer, dado que no había comido y mi única bebida había sido una botella de agua, la cual, aunque restaura los niveles hídricos corporales, no alimenta. Una vez que ingerí la dona y me transportaba en el camión con rumbo a casa, y que el azúcar alcanzó el cerebro, me dí cuenta, con una mezcla de horror y odio, que les quité de fea manera la dona que pretendían comerse, y lo que es peor, en vez de ser el galante tipo de diario, que les hubiera regalado una dona a cada una de ellas aunque eso significase irme a pie a casa, me limité a comerme la rosquilla y recalcar que ellas no la habían comprado, a pesar de que querían adquirirla. Ni siquiera tengo la excusa de que las chicas estaban feas cual pago de impuestos, porque si bien no son la última cerveza fría del estadio, sí están bastante potables.
No cabe duda: cada día que pasa estoy más buey.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.

La homeostasis es un gran invento.