Una de las cosas más interesantes en la facultad es la inhabilidad de algunos celulares para encontrar señal.
Es común observar que algunos de los celulares más caros también son los que pierden la señal más pronto: uno sabe perfectamente quién tiene un Blackberry o un iPhone porque están caminando como locos moviendo el celular a lo alto, a lo ancho y a lo alto hasta encontrar una rayita de señal o por lo menos que no diga «Sólo emergencias». En cambio, yo nunca he tenido ese problema. No porque mi móvil sea capaz de encontrar señal incluso dentro de una jaula de Faraday, sino porque mi teléfono siempre está apagado.
No deja de parecerme curioso la adicción que tienen mis compañeros más jóvenes hacia el uso constante de su cuchufleta esa. Probablemente porque no ganan su dinero: quienes lo ganan no están usando el celular hasta para avisar que van al baño. Yo, como viajero en el tiempo que soy (vengo del año 1977 y sigo avanzando) no dejo de asombrarme sobre lo que ha hecho la tecnología con el objetivo de hacernos la vida más compleja. Que no más cansada, aclaro: es mucho menos cansado hacer un trabajo en la computadora que a mano; lo que no impide que cuando vas en la página de las conclusiones se te acabe el cartucho de tinta.
Y tampoco es que la tecnología antigua sea a prueba de errores: observe usted que los lápices tienen muchos años de inventados y hasta la fecha la punta se rompe cuando más lo necesitas. Eso me recuerda que debía hacer una diatriba contra los lápices marca «Office Depot», dado que compré una caja y de los doce que tenía en cuatro días me acabé cinco, porque la mina venía rota de fábrica.
Ya no me acuerdo qué más iba a decir. Debo estar cansado. Ah, sí, ya me acordé: hoy entregué mi trabajo de Introducción a la Ingeniería. Fue una cosa excepcional, una cosa fuera de serie, una mamada en realidad: la clase de hoy consistió en entregar el puto trabajo y ya. Cinco minutos nada más se tardó el máistro en recoger los trabajos, los diez que le entregaron, y se fue mucho a la sala de maestros, que no a la chingada, hasta eso. A continuación encontrarán, como archivo adjunto, la presentación que hice.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.

Don Lord Eggs, para Presidente!!!
Saludos.
O Director del OCOIT, o de SITEUR.
Si llega a gobernador, ¿promete no mentarnos (mucho) la madre?
No, no puedo prometer eso. Sí puedo hacer exactamente lo contrario, y si fallo, por lo menos no me lo reprocharán.