De pronto, sin deberla ni temerla, se apareció un compañero en plena clase, bastante iluminado.
Se movía como si flotara entre nubes. Las pupulas dilatadas, la melena enmarañada, la mirada perdida, pero eso sí, se sentó en su butaca y procedió a prestar atención a lo que el máistro estaba diciendo.
«Observen ustedes bien este problema», decía el profesor, apuntando cosas en el pizarrón (no le gusta usar el pintarrón. Todos nos quedamos viendo el sucedáneo de pizarra y esperamos que el profesor dijera algo. «¿Cómo lo resolverían?» preguntó el tícher.
La respuesta de mi compañero iluminado no pudo ser más apropiada. «Hablando, maestro… Hablando se resuelven todos los problemas sin necesidad de llegar a la violencia…»
Tras poner todos una cara de «o» minúscula, guión bajo, «O» mayúscula y apóstrife (o_O’) soltamos la carcajada mientras el maestro ponía su mejor facepalm.
Por fortuna llegaron los compañeros de andanza y seguramente de pipa de la paz del iluminado y, tras pedir permiso y ofrecer disculpas, procedieron a llevarse al Gran Makakikus a un lugar muy lejano, probablemente La Chingada, ubicada allá por San Gabriel, cerca de San Juan de los Lagos.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.
