Tener mascotas es un buen método (aunque algo caro) de saber si hace frío en las mañanas.
En mi caso, Merle Ivonne suele dormirse en su sillón favorito, que también es el mío, lo que suele ocasionar que el pobre sillón esté siempre lleno de pelos. Pero cuando hace mucho frío, Merle Ivonne se baja del sillón y se mete a mi habitación, que suele estar más calientita que el resto de la casa porque hay una fuente natural de radiación electromagnética: yo. Merle Ivonne se sube a mi silla, se hace ovillo y se queda dormida ahí.
Pero cuando hace un verdadero día frío para los estándares tapatíos, como ha sucedido en estos últimos días en que Guadalajara se ha vuelto Silent Hill con todo y niebla espesa y amaneceres nublados, Merle Ivonne se trepa directamente a mi cama, a pesar de que se lo tengo expresamente prohibido (y a ella no le importan mis prohibiciones), y se acomoda donde hay un huequito. Ayer el hueco fue lo bastante grande como para que merle se metiera dentro de las sábanas de franela que uso, de paso sacándome un susto al tocar mi espalda con la nariz fría; hoy, se limitó a acomodarse entre mi brazo y mi torax, con la cabeza a la altura de mi axila.
Esto implica un par de cosas: uno, hay que empezar a cerrar la ventana por la noche. Y también hay que colocar una mantita en el sillón.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.
PD: ¿Alguien se fijó que ayer en Público se publicó un artículo publicado donde se llama a quienes no creen en el cambio climático «excépticos»? Espero que el corrector de pruebas de Público no esté acostumbrándose cada vez más al «hoyganés», porque ver esa palabra en el cuerpo del artículo no supondría mayor problema que una metida de pata, pero verlo en el título de un recuadro hacía doler los ojos.
