Comenzaré contando un chiste: «¿Por qué Jesús es un hombre complejo? Pues porque tuvo una madre real y un padre imaginario.»
Iba yo en el troncobús con rumbo a la facultad cuando subieron un par de muchachas guapas pero un tanto flacas tirando a anoréxicas, discutiendo de ganadería. Al menos eso creo, porque hablaban mucho de pastores.
Como no pude escuchar el inicio de la conversación, dado que las chicas se subieron ya hablando, traté de sacar en claro de lo que hablaban. Sólo atiné a decir que una de las muchachas trabaja para un ganadero, porque hablaba mucho de su pastor. La otra chica probablemente haya sido también ganadera, porque su pastor también solía darle consejos, pero los consejos eran muy raros. Uno que se me quedó particularmente grabado en la memoria es que una de las muchachas, que estudia ingeniería industrial, solía estudiar para veterinaria, pero lo dejó porque el pastor le dijo que la mejor manera de servirle al dueño de la ganadería era hacer lo que le dijera, y que si no lograba estudiar para veterinaria es porque ser veterinaria no estaba en su futuro. Yo pensé que era muy raro que un ganadero no necesitara una veterinaria, pero el señor ese tenía ideas muy raras.
La otra muchacha decía que el ganadero también le había hecho una recomendación similar, pero esta vez que la cosa era que le había enviado varios trabajos pero sólo uno a la vez, para que identificara el que más le gustara, y luego la puso a estudiar otra carrera porque la primera no le había gustado al dueño, porque de otra manera no le hubiera enviado más trabajos. Yo no terminé de comprender qué era lo que estaba tratando de pretender comunicar, pero por poco se me sale un «Pues qué señor tan mamón», pero logré contenerme porque el capítulo que estaba leyendo de Orgullo y Prejuicio y Zombis estaba bastante divertido, mucho más que el original de Jane Austen. De hecho, cuando tras pasar un bache me vi forzado a reacomodarme en el asiento y cerrar el libro, una de las flacas lanzó un «¡Huy, mira!» al ver la portada.
Las muchachas siguieron hablando de los dueños de sus respectivas ganaderías; creo que uno se llamaba Diocesano y el otro Diosvaldo, o algo así, y creo que el pastor tenía línea directa con el dueño, lo que se me hace raro porque los pastores por norma general son de los más bajos empleados en el escalafón de la ganadería, pero, ¿quién soy yo para decirle a un ganadero cómo llevar su negocio? Pero a lo mejor el pastor era el jefe de la finca, porque las muchachas hablaban muy bien de él. O de ellos, porque eran dos, uno por cada ganadería. Lástima que no pude terminar de escuchar la conversación porque llegamos al CUCEI y nos bajamos todos.
Creo que me voy a cambiar de ingeniería, y hacerme ingeniero agrónomo: aparentemente los ganaderos con pastores se quedan con todas las muchachas guapas del Estado, aunque estén más flacas que Oliva Olivo. Mi otra opción es fundar mi propia religión y hacerle como el Hermano Aarón Joaquín cuando se le antojaba petatearse con la hermana de alguien: «Hermana, anoche Dios me hizo soñar con usted.»
Pero creo que la ganadería es menos riesgosa.
Quedo de ustedes:
Quien Resulte Responsable.
