Fragmento extraído de ese genial libro de ficción del modesto autor Quien Resulte Responsable.
Capítulo Palito Tache.
«Kalepsheel»
«Investigador privado»
Nada más había en la puerta. Jessica no tenía otra opción. Era la única puerta al final de la escalera, y salvo un pequeño descanso, no había nada más. Podía regresar o podía tocar. Decidió tocar. Apenas iba a levantar la mano cuando una voz masculina sonó por dentro.
–Adelante. Está abierto.
Jessica se sentó en el destartalado sillón de cuero rojo que le ofreció el investigador. Rechazó el cigarrillo pero aceptó la copa de brandy barato. Era evidente que algo le preocupaba. Kalepsheel se ajustó el cuello de la camisa y se sentó.
–A sus órdenes.
–Yo… verá, sr. Kalepsheel…
–Llámeme por mi nombre de pila. Eveready.
Ella rió. Kalepsheel notó que la chica se relajó.
–¿En qué puedo ayudarla?
–Verá, es mi hermana. Hace un año entró a un centro de artes marciales llamado «Gu Lao Rou Chin Gon» y desde hace dos meses no la hemos visto.
–¿Alguna señal de que ella estuviera inconforme en su casa?
–No. Pero sí comenzó a actuar más rara. Practicaba sus artes marciales todos los días en la sala de la casa y levantó un altar junto a la escalera que daba al tinaco, marcándolo con una especie de camino.
–«El Camino a la Escalera Al Infinito». Los conozco. La policía también. Sugiero que se ponga en contacto con ellos.
–Ellos me sugirieron que viviera con usted.
–No será económico.
–Tengo dinero. Mi padre lo tiene.
–El dinero de su padre está en peligro. El Camino a la Escalera Al Infinito es una secta que exprime a los familiares de sus víctimas hasta del último centavo. Quizá reconozca usted el caso de Nelson Rockefeller. Llegó a ser el hombre más rico del mundo, y al final de su vida apenas podía comer caviar una vez al día. Sé que no parece mucho, pero hay una gran diferencia entre ser asquerosamente millonario y millonario a secas. Pero recuperaremos a su hermana. Quinientos pesos al día mas gastos, una semana por anticipado, garantizo mi trabajo.
Ella sacó varios billetes y los dejó en el escritorio.
–El nombre de su hermana.
–Olive. Olive Green.
Kalepsheel contuvo un temblor en su mano izquierda.
–Venga a verme mañana. Traiga todos los papeles, notas, registros, todo lo que tenga sobre las actividades de su hermana.
–Bien.
–No se preocupe. Todo va a salir bien.
La escoltó a la salida, hasta la planta baja. Subió y cerró la puerta detrás de él. Sacó su cartera, miró una fotografía, apretó los dientes y descargó un puñetazo sobre los billetes.
Conocía a Olive Green. Vaya si la conocía bien. Aquello iba a ponerse interesante pronto.

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