La amigdalitis de la libelula.

Del autor de «Querida me agrandé el chico» y «Me Cago de Miedo» llega una novela que usted no podrá dejar de leer. Si usted ya la leyó, no cuente el final. Si usted no la ha leído, no sabrá hasta la última página que el asesino es Jack el Forastero.

Capítulo Extra Large

–¿Eres tú, Dragonfly? Hola, Dragonfly.
–Doctor Jiggles, no tengo tiempo para sus jueguecitos.
–Pero yo creo que sí lo tienes, Dragonfly. Verás: sin mi ayuda nunca saldrás de ese callejón sin salida en el que está tu investigación.
–¿La vida no vale nada para usted, doctor?
–¿Tú sabes de la vida, Dragonfly? Cuéntame. Soy un glotón para las historias.
–Doctor, necesito que me diga a quién nos enfrentamos.
–No. No lo necesitas. Lo que necesitas es que alguien te diga dónde empezar. Ése ha sido siempre tu problema, ¿verdad, querida? No te atreves a tomar la iniciativa. No te atreves a empezar nada. Cuéntame. Cuéntame por qué y yo te diré por dónde empezar. ¿Por qué tienes miedo a iniciar algo?
–Doctor…
–¡Cuéntame! –gritó Jiggles, golpeando sobre el escritorio, las manos y los pies atados por grillos, imposibilitado a acercarse más. Lanzó una mordida y se relamió lentamente, la lengua humedeciendo cada milímetro de sus labios, los ojos ciegos y heridos clavados en los de la investigadora. Dos hombres trataron de hacer que se sentara, sin poder moverlo ni un milímetro.
Dragonfly no se movió. Lo miró a los ojos. Sintió que Jiggles miraba hasta lo más profundo de su ser, y recordó el día en que su padre la había llevado a ver el hielo.
–Fue la noche en que mi padre me llevó a la pista de patinaje con él.
Jiggles se sentó.
–¿Por qué te llevó?
–No encontró con quién dejarme.
–¿Qué hacía tu padre?
–Jugaba hockey. Era uno de los pioneros del hockey en México y patinaba en uno de los equipos originales de la liga mexicana.
–Sigue, Dragonfly.
–Esa noche me llevó con él a la banca. Me compró un helado. Me dijo que me quedara quieta y no saliera.
–Pero desobedeciste.
–Me metí al hielo justo en medio del partido. Quería ver qué hacía papá. Nadie se dio cuenta de que entré, hasta que choqué con uno de ellos. Me cortó en el brazo con el patín.
–Y viste tu sangre en el hielo. Tu sangre, Dragonfly –dijo Jiggles, relamiéndose.

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Article by Quien

Ingeniero en computación, ateo de hueso colorado, cabrón y además, con los tanates suficientes (dos) como para ponerse a estudiar ingeniería civil a su avanzada edad de 100001 años (en binario, claro) Read 424 articles by Quien
4 Comments Post a Comment
  1. Dragonfly says:

    Me encantó…jejeje, mi parte favorita:

    –¿Tú sabes de la vida, Dragonfly? Cuéntame. Soy un glotón para las historias.

    Saludos…

    • PRECIOSA... says:

      Hola Quien, solamente para decirte que te conozco desde hace tiempo por mi amiga Dragonfly, y te he leido a través de ella…jejeje

      Saludos, me gustó tu fragmento y creo que si debería convertirse en cuento….

  2. Dragonfly says:

    Oh…! No se que decir…(ojo remi, voz cortada)… Estoy tan emocionada…Gracias a todos los votantes (llanto mesurado)…Gracias a Quien…(Llanto desmedido), Todos los fragmentos son geniales!

    Esperaré pacientemente la publicación de ese cuento…!

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