Pues bien, tras una concienzuda investigación descubrí que no iba a tener dos clases y decidí saltarme la tercera, lo que me permitió acomodar mis cosas.
Y ver a la Decepción Nacional.
Pues bien, tras una concienzuda investigación descubrí que no iba a tener dos clases y decidí saltarme la tercera, lo que me permitió acomodar mis cosas.
Y ver a la Decepción Nacional.
Ustedes, mis habituales lectores y lectrices, deberán perdonarme el tono del artículo de hoy. Los demás, no. La diatriba que se encuentra a continuación mantiene estrictamente mi punto de vista personal mío de mí mismo, y puede no ser compartida en su totalidad por el lector, a menos que el lector sea el autor de ésta bitácora, lo cual es estadísticamente imposible ya que, por norma general, no leo lo que escribo. Solicito al lector se abstenga de emitir comentarios sin antes terminar de leer todo el artículo.
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Si está usted leyendo esto, querida lectriz, estimado lector, es porque el infierno se ha congelado y Quién, Cuándo y Dónde asistieron a la boda de Cómo y Qué. Es oficial, hay una virgen menos en el mundo y un santo más.
Tuve únicamente dos horas de clase este viernes.
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Esta vez, voy a deshaogarme.
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Hoy fue el cumpleaños de una de mis tías, y ante la perspectiva de una comida gratis, allá va Lord Eggs.
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Me reuní con un par de antiguos (en modo tanto metafórico como literal) compañeros de facultad. De la época en que todavía existía una Facultad de Informática y Computación en la U de G (cuyos leones negros, por cierto, perdieron ante los xoloizcuintles). La idea era tratar de hacer algo similar a un video para recordar los tiempos en que estudiamos juntos.
Esta noche, a riesgo de quedarme dormido, como anoche, con un programa estúpido de parte de TVE, la única estación de televisión internacional en español que recibo por cable, reportaré de nueva cuenta el Encierro en Pamplona.