Damas y caballeros, niños y niñas, chiquillos y chiquillas, compatriotas y compatriotos, sabed:
Aquí están las primeras imágenes de su enemigo, A(H1N1) S-OIV/2009
Damas y caballeros, niños y niñas, chiquillos y chiquillas, compatriotas y compatriotos, sabed:
Aquí están las primeras imágenes de su enemigo, A(H1N1) S-OIV/2009
Éste es uno de esos temas que más acalorados debates pueden generar, sin duda alguna por las dificultades que entraña.
O por qué las medidas sanitarias impuestas para detener la epidemia de influenza humana alimentan la paranoia y crean nuevas teorías de la conspiración.
Tratar de contener un brote epidémico no es, como muchas personas parecen creer, tan sencillo como tomar a todo el mundo y vacunarlo. Las ideas más sencillas en un ambiente sanitario sueles ser también las más difíciles de realizar.
El miedo, la paranoia y el desconocimiento siguen corriendo a sus anchas por el mundo, y los conspiranoicos siguen insistiendo en que ya debería haber una vacuna contra la influenza disponible. Lamentablemente, las cosas en la vida real no son tan fáciles.
Cuando la prescribe un médico, incluso el agua natural sabe mal.
Lord Eggs fue de safari, con la intención de cazar al león de melena negra de la India septentrional. Pero el cazador salió cazado: el feroz animal lo atacó, de manera tan cruel y despiadada que le sacó un ojo, le arrancó un brazo y le cortó cierta parte de su anatomía a la que le tenía especial cariño Lady Eggs. Los porteadores llevaron a lo que quedaba del lacerado lord a una aldea donde había un médico brujo famoso por sus extraordinarias curaciones. El brujo puso manos a la obra y, a falta de donantes adecuados adecuados, le transplantó a Lord Eggs un ojo de águila, un brazo de gorila, y en la entrepierna le implantó la trompita de un elefante bebé.
Plenamente recuperado de su ataque, Lord Eggs regresó a Oxford-Upon-Revlon. La prensa acude a recibir al veterano cazador, y durante la entrevista dice Lord Eggs: “Nunca me he sentido mejor en mi vida. Tengo vista de águila, fuerza de gorila, y en las fiestas soy toda una sorpresa.” “¿Por qué una sorpresa?” pregunta una reportera. Explica el lord con orgullo: “Debería verme cuando me pasan la bandeja de los cacahuates…”
Doña Lumbagia sufría mucho a causa de las reumas. Oyó hablar de un curandero que las hacía desaparecer en una sola sesión. “¿En qué consiste el tratamiento?” pregunta. Explica el hombre: “Hago que el paciente se acueste boca abajo en el suelo. Luego me subo sobre él llevando mis botas con tachones y bailo encima de su cuerpo una danza heredada de mis antepasados. Seguidamente lo golpeo con un bate de beisbol en las partes más afectadas por la reuma; a continuación le echo dos cubetazos de agua hirviendo y dos de agua helada y por último lo hago beber un litro de aceite de ricino.” Pregunta doña Lumbagia: “¿Y dice usted que cura las reumas en una sola sesión?” “Por supuesto que sí,” responde el curandero, “nadie ha regresado nunca a que le repita el tratamiento.”