Lost in translation

Escrito y publicado por Quoth el 23/07/2007, a las 02:11:46 am, 1185171106 segundos Unix, hora Swatch 299. Comentar

Vaya, V y B viajan victoriosos a la bella Victoria vía un barco bastante veloz. Bueno, veamos:

La aventura inicia a eso de las seis de la mañana, cuando V se levanta cual zombie de Sahuayo para prepararse para el viaje, pues de Seattle arribamos a media noche el día anterior y todavía me puse a escribir la historia, con lo que me dormí a las 2 de la mañana, cosa que me dejó dormir sólo 4 horas, lo cual provoca que me ponga a escribir párrafos en los cuales, por culpa del cansancio, en lugar de separar los diferentes componentes de un párrafo en oraciones individuales, escriba una sola oración unida con comas, lo cual no es agradable ni a la vista ni al oído, razón por la cual, apenas termino este párrafo, voy a volver a escribirlo, pero esta vez usando una adecuada puntuación, y con un poco de suerte hasta lo hago más chiquito.

La aventura inicia a eso de las seis de la mañana, cuando V se levanta cual zombie de Sahuayo para prepararse para el viaje. De Seattle arribamos a media noche el día anterior, y todavía me puse a escribir la historia, con lo que me dormí a las 2 de la mañana. Eso significa que dormí sólo 4 horas, y estaba yo bastante cansado como para hablar, ya ni siquiera escribir, con cierta coherencia. Este párrafo me gusta más.

Bien. Continúo. A las 7 de la mañana ya estaba V bajo la lluvia matutina de Vancouver, que es igual a la nocturna pero con luz, esperando a que B se reuniera en el punto acordado la noche anterior, que es afuera del castillo hostel en el que está hospedado. Pero B no estaba. Así que llamé por teléfono. Y me contestó el buzón de voz. Porque resulta que a B se le olvidó cargar su celular y la pila se le agotó.

Ahí estaba V, bajo las frías aguas, tratando de localizar infructuosamente a B, y sin posibilidad de entrar a buscarlo (por motivos de seguridad, evidentemente, nadie que no esté hospedado en el hostel puede entrar) y pensaba yo en la posibilidad de regresar a mi cálido, tibio, mullido y seco lecho cuando de pronto apareció B a eso de las 7:30, y emprendimos el viaje con rumbo a Tsawwassen.

Hay dos formas de ir a Victoria: pagando mucho, y pagando poco. Pagando mucho son 39 dólares por piocha mas impuestos, en un camión de la Pacific Coach Lines, que sale de la estación Pacific Central con rumbo a la estación Downtown Victoria. Pagando poco son 30 por piocha, viajando en camión público entre las terminales de ferries y viajando como peatón en el ferry mismo. Decidimos usar la opción económica. Para ello, desde el downtown Vancouver se usa el sistema de autobus rápido 98-B con rumbo a Airport Station, el cual nos deposita con brevedad en dicha estación, de la cual se aborda el vehículo que sigue la ruta 620 y nos deposita justo enTsawwassen. Aprovechando la feliz circunstancia de que el viaje lo hicimos en fin de semana, el costo descendió dramáticamente hasta 17.50, ya que en lugar de pagar un pasaje de 3 zonas en Vancouver, Richmond y Delta, únicamente se pagan 2.25. Como diría Mr. Burns: excelente.

Así, pues, nuestros héroes B & V se treparon al 98-B de las 8:25 y llegaron a Airport Station a las 9:10, y a las 9:35 abordaron el 620 con rumbo a la terminal de ferries, llegando a las 10:20 a su destino. El ferry “Queen of Saanich” partía a Victoria a las 11, y su costo de 12 dólares por un boleto de ida es bastante justo por el viaje que se ofrece.

Algo que debe de hacerse notar en este viaje fue que V y B encontraron a los MexicasTM. Esta curiosa especie de humanos, que a veces son confundidos con una especie humana,tiene como características que son enfadosos, gritones, se ríen entre ellos de chistes que sólo ellos entienden, se burlan de todos los demás, están siempre en la pendeja y están constantemente metiendo la pata. Hagan de cuenta B & V. Pues nosotros, o sea, B & V, encontramos a tres MexicasTM en el 98-B. Para cuando llegamos al Airport Station, los MexicasTM nos propusieron contratar un taxi que nos llevara a Tsawwassen, para alcanzar a llegar al vuelo ferry de las 10, pero eso de pagar 35 dólares, aunque fuera entre todos, pues como que no se me daba. Además, éramos 5, y la legislación canadiense prohíbe expresamente que vayan más de cinco personas en un auto, contando e incluyendo al chofer del taxi, el cual no estaba dispuesto a quedarse en tierra para que alguien más conduciera su vehículo. Así que nos quedamos a esperar el siguiente autobús, B & V resignados a compartir su viaje con los MexicasTM.

Pero las cosas no terminaron ahí. Para esquivar en la medida de lo posible a los MexicasTM que parecía que habían encontrado en V a un ser omnisciente que todo lo sabía, V y B se alejaron un tanto cuanto más lejos posible de ese trío. Pero dado que V y B son tapatíos, la maldición de Beatriz Hernández operaba en todo su esplendor. A donde fuéramos ahí estaban. Como Guadalajara pero en un ferry canadiense.

Tras una hora y media de viaje placentero (una licencia poética), llegamos a Vancouver Island. A Swarz Quay para ser exactos. Ahí se encontraba estacionado un precioso y preciso autobús de dos pisos marcado con un letrero que decía “BC Transit” y que V dedujo rápidamente que era un autobús que llevaba al centro de Victoria. La clave era que adelante tenía un letrero que decía “70 - Victoria Downtown.” B y V cubrieron la tarifa de 3 dólares por persona y cruzaron raudos y veloces el autobús con rumbo a un sitio vacío en el piso superior.

Íbamos muy a gusto, viendo que los jardines de las casas estaban muy bien cuidados y que había una gran cantidad de vegetales, y además viejitos que cuidaban a sus jardines y a sus vegetales. Incluso pasamos la calle que el municipio de Sidney dedicó al insigne maestro Polo Polo, llamada apropiadamente Polo Drive. Más adelante sucedió algo que, por su estupidez, es digno de ser contado.

Ya he mencionado antes que V estaba más trasnochado que un murciélago volando a medio día, lo cual implica que de sus cinco sentidos nada más dos estaban funcionando al 100%. En una de esas V le mencionó a B “Mira, un letrero de Butchars Garden” y B le dijo a V “Ahí hay un letrero que dice downtown” y B & V vieron que bajaron los MexicasTM, así que V y B unieron sus mitades de pensamiento para sacar un pensamiento inconexo pero completo, y si ya estaban en el downtown y estaban cerca de Butchars Gardens, y además los MexicasTM se bajaban del camión, es porque era tiempo de bajar del camión, ¿o no?

Pues no. Porque el downtown en el que se bajaron era el de Saanichton, ciudad ubicada justo a la mitad entre Sidney y Victoria. Cuando V se dió cuenta de la metida de pata, y en un deseo de alejarse de los MexicasTM antes de que se dieran cuenta de su error, tanto los MexicasTM como B & V, V y B hicieron discreto mutis y se metieron a un molito, que es un mall chiquito. Acto seguido se volvieron a subir al siguiente camión de la ruta 70 que pasó por ahí.

Y V y B aprendieron una valiosa lección: cuando te subas a un camión, pide tu transbordo. Éste curioso sistema canadiense de transporte urbano te permite tomar un camión y recibir un boleto de transbordo, con el cual puedes tomar cuantos camiones sean necesarios hasta una hora y media después de emitido el pasaje original. Pues bien: el transbordo sólo se emite cuando el pasajero lo pide. Y adivinen quién no lo pidió: B. Y adivinen qué hizo V: lo tiró sin querer. Por tanto, el par de estúpidos nuestros héroes B & V tuvieron que volver a pagar 3 dólares para completar el translado. Sin embargo, el ejercicio, el aire fresco y la espera, que fue aprovechada para dormitar un poco, sirvió para despejar la cabeza de V que asumió control de sus otros tres sentidos, y justo a tiempo.

Pronto llegamos de Saanichton a Victoria. V se orientó rápidamente, a pesar del hecho de que la ciudad ha cambiado bastante desde la primera vez que la visitó: ahora está llenándose de edificios altos. Pero pronto V dedujo dónde estaban, por orden de estricta importancia, el hotel Empress, el Museo de Historia Natural, el Parlamento, la Bahía, el Miniature World y los baños públicos… porque B estaba desesperado por desechar unas teorías echar unos lodos hacer cafecito ir al baño.

Debido a la espectacular pérdida de tiempo producto de las circunstancias, V y B decidieron que, en lugar de ir a Butchards Gardens, algo que V podría hacer solo más adelante y dedicándole todo un día, B & V deberían hacer lo que mejor sabían hacer: hacerse pendejos visitar el centro. Se visitó lo que se pudo, en tan corto tiempo, en especial por el hecho de que todo estaba cerrando a las 5 de la tarde por ser domingo. Pero aún había oportunidad de ir de compras a un centro comercial que V localizó a unas pocas cuadras del centro de la ciudad, y allá fueron desafiando la furia de los elementos que pretendía impedir que se completara la misión que se habían marcado los protagonistas de esta historia. Sí, exagero, ya lo sé: la verdad estaba cayendo una llovizna ligera y el inútil de B no llevó ni siquiera una sudadera.

Siguiendo las extraordinarias capacidades de orientación de V, pues ese muchacho no se pierde nunca, ni siquiera enfermo y cansado, pronto llegaron a un Toys’R'Us, un Future City y un Walmart. Como el tiempo apremiaba, pues si no tomaban el autobús de las 6:45 no llegarían a Swarz Quay a las 7:40, lo que impediría que tomaran el ferry de las 8, que los depositaría en Tsawwassen a las 9:40, de donde tomarían el 620 a Airport Station a las 10:40, donde tomarían el 98-B que los dejaría en el centro de Vancouver a las 11:20, como el tiempo apremiaba, decía yo, B & V se metieron directo al Walmart. El objetivo: ofertas.

V no encontró nada de su gusto, pero en cambio B obtuvo 8 videojuegos por 50 dólares. Deberían haber sido 7, pero B se piñó un videojuego de Gameboy Advance que de cualquier forma habrían tirado a la basura por malo. De cualquier forma, además de ser buscado por el FBI en Seattle, es ahora buscado por la RCMP en Victoria. Se sospecha que el tipo tiene un cómplice pero no hay nada en claro.

Para cuando V y B salieron de la tienda para abordar el camión 70B Swarz Quay Via 5th Avenue, ya había niebla en algunos lados de la isla. Era evidente, entonces, que el viaje de regreso sería al más puro estilo londinense. Pero las cosas amenazaban con ponerse peores. Las señales estaban ahí. Eran obvias. Comenzó cuando V y B se subieron al 70b y aparecieron como por arte de magia junto a los Tres MexicasTM originales. Y las cosas pintaron peor cuando de pronto aparecieron de la nada otros 8 MexicasTM que también abordaron el autobus. Y si empleamos matemática avanzada, nos daremos cuenta que 8 + 3 = 11, y por tanto 11 + B + V = 13 monos encerrados en una lata de dos pisos. V casi se echa a llorar, pero B, con aplomo de hombre de mundo que ha viajado y que es perseguido por la justicia internacional sin que eso le afecte en lo más mínimo, le dijo que se pusiera a escuchar su ipod para no escuchar a los enfadosos esos.

Pero estar encerrados con 11 MexicasTM no es tarea que cualquiera pueda aguantar sin sufrir un colapso nervioso. Así que V tuvo que encerrarse en el baño de la terminal de ferries en cuanto llegaron ahí. Claro que no precisamente para alejarse de los MexicasTM, sino porque esta vez era V quien debía liberar a Willy externar su malestar desalojar al inquilino ir al baño. B encontró un par de asientos libres justo junto a la puerta de entrada al ferry y V se le unió a su debido tiempo, y cuando las puertas se abrieron y la masa humana entró cual marabunta, B & V estaban en el mejor lugar posible: detrás de unas muchachas de muy buen ver. Al entrar al ferry, una vuelta equivocada le permitió a V hacer un HomeroTM, es decir, triunfar a pesar de la adversidad, justo como Homero Simpson: entrar al restaurante justo cuando no había cola, con lo cual V adquirió una hamburguesa doble con queso y B una hamburguesa de pechuga de pollo.

Para evitar a los MexicasTM V y B se subieron al último piso del ferry, y localizaron un par de asientos disponibles. B se puso a jugar una partida de Uno en el juego de Gameboy Advance que se mangó. El tiempo estaba muy aburrido, y aunque V trataba de hacer chistes, ya lo habían vuelto a abandonar 4 de sus 5 sentidos. B comentó que había unos talibanes afuera, en medio de la niebla, vestidos con pijamas y turbantes. V respondió que no eran talibanes: eran ninjas disfrazados de incógnitos. Todo se pierde menos el sentido del humor.

Los protagonistas de esta historia, o sea, V & B, pronto llegaron a Tsawwassen y descendieron del Queen of Saanich. Abajo, en la parada del camión, los 11 MexicasTM habían recibido refuerzos y ahora eran 18, lo cual fue el empezose. A V le importaba más bien poco, porque estaba muy cansado, pero cuando 6 MexicasTM se pusieron a jugar “dígalo con mímica” aquello fue el continuose. Cuando transfirieron al contenido íntegro del 620 al 98-b y los 6 MexicasTM ahora estaban jugando “dígalo con mímica” en medio del pasillo y valiéndoles madre importándoles más bien poco lo que dijera el resto de los pasajeros. El acabose fue cuando llegamos a Seymour y Davie. Por fortuna, porque los 6 MexicasTM enfadosos se bajaron. B también se bajó, lo cual no dejó de preocuparle a V porque la calle Davie es el barrio gay, y de noche todos los burros son pardos. Lo bueno es que el hostel de B está a dos cuadras de ese antro de perdición y vicio. Lo malo es que justo abajo de su hostel hay un bar con música en vivo. Se sospecha que los Asesinos del Ritmo tienen trabajando ahí a sus gemelos malvados.

V, por su parte, descendió del 98-B en la estación Granville, que queda a una cuadra de su hotel. Se subió, tecleó esto, y le dio un click al botón que dice Save en lugar de al botón que dice Continue, lo cual provocó que este artículo fuera publicado con 24 horas de retraso. Qué barbaridad…

« En nuestro capítulo anterior: Welcome to Washington, Mr V… A continuación, por Nevermore Visiting the city » Artículo sorpresa.

1 comentario

Faby
24 / 07 / 07 a las 3:54 pm

Al parecer B está enamorado… jajaja!!!! eso de no pedir el transbordo y no llevar sudadera, no tiene otra explicación mas que la antes señalada!!!!!…

V, por favor dile a B que lea lo siguiente: “T DVOTO!”

Abrazos para los dos!. Besitos para B…


 
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